lunes, noviembre 17

Una carta cualquiera

Una carta cualquiera (otro manuscrito encontrado junto a una mano, o una botella)


Jueves, 18 de Septiembre de 2008.

No supiera qué decirte si ya hubiera leído tu carta, porque ya sabría qué no debería decirte y el resto sólo sería un acto casi patético de parecer sincera (fingir es la peor culpa). Así entonces puedo escribirte lo primero que evoca tu imagen en mí; puede que no estemos del mismo lado, y tu carta y la mía sean tan antagónicas como, sencillamente, distintas en todo. Ya lo sabremos, hasta de pronto estoy equivocada.

Ahora bien, el motivo de esta carta no sé de dónde surgió, ni cómo o por qué, ni siquiera estoy segura del dicho motivo, lo bueno es que no sé escribir, por lo que concentrarme en las veces que hemos hablado, y en las otras veces que te he visto o pensado, es suficiente para poder tener coherencia y lograr que, al menos, Mr.Perfect, entiendas. De ante mano te ofrezco disculpas si esto termina siendo algo o menos de lo que esperabas, ninguna de las dos es mi intención. Disculpas también si son sólo ocurrencias mías que me he armado para poder seguir lo que me dejas ver de ti, seguirte el juego.

Sabemos muy bien (o no tanto) que entre los dos nunca ha pasado nada, que ni hemos estado cerca de concluir algo, algo contigo, pero ni tú ni yo somos tontos, ni intentándolo, y si bien entiendo todo lo que dices también es cierto que nunca te he detenido y en cambió si seguido. Escribiéndote esto se me viene a la cabeza palabras que vagamente recuerdo y que me gustaría, si alguna vez las lees, pienses en mí, escritas por Kundera acerca de las insinuaciones sin garantías, y en fin, acerca de algo como lo que me parece pasa aquí.

Sólo para que lo sepas, tu inteligencia, las palabras bien dichas y el aire intelectual de una mente no blanda, que se siente simplemente estando contigo, me gusta, y de una forma, esta u otra, me atrae. Repites que soy misteriosa y algo acerca de mis ojos, y me parece a mí que es esa nuestra única real conexión; tú porque lo piensas y me lo dices y a mí porque me gusta estar de acuerdo. Pero la verdad es que de misterio no tengo nada, una vez te des cuenta sé lo bonito que todo se irá a recuerdos que a nada te recuerdan, porque eso en mí sí es cierto: no tengo verdades, no tengo teorías novedosas, nada ni una filosofía complicada que te resulte impresionante; podría decirte que soy rara y que nunca sabrás lo que de verdad pienso, pero te estaría mintiendo, porque no tengo idea, y tanto decir que soy rara… como mentirte me haría tan común y corriente que no tendría sentido hacerlo. No trato de impresionarte con palabras, y no actúo mejor contigo (aunque uno siempre lo hace), pero basta con que me quede callada para que te sea yo un misterio, qué puedo decir acerca de eso, que me halaga. Es como si de cierto modo fuera seductor mi silencio, el mismo silencio que no tiene razón de ser, que ni siquiera no tener una razón es su razón, que talvez sos vos, pero todavía no sé.

Creo que de alguna forma esto nos hace más interesantes, las insinuaciones y, tus pretenciosas palabras, sin saber por qué, sin nada sólo esa especie de juego que jugamos como si supiéramos que no hay ganadores pero que tampoco hay forma de perder. Te estoy mirando y estamos en Química, no sé por qué me decidí a seguir escribiéndote algo que talvez no deberíamos ni pensarlo por lo limitante de las palabras que le puede quitar encanto. Podría o podrías detener todo, acabarlo, decir la verdad o no decir nada, pero creo que seguimos la parte que elige por instinto el camino desconocido, con ansias de sentir igual o sentir algo, sin tácticas ni estrategias, sin agresividad ni afán, sin nada que nos comprometa o esperance; tu vida, después de todo, es tu vida, y la mía también.

Promesas son promesas, y aunque no te prometí nada, quiero darte igual mi carta. Sólo “no digas que nunca te di nada”.

No hay comentarios: