La verdad es que poco te importa, Iris, pero voy a encontrarte,
a traerte de vuelta, a pedirte, y rogarte si fuese necesario, que con la facilidad que siempre ha sido tuya te dejes encontrar, y te deslices entre mis manos hechas a tu medida, y vuelvas. Vuelvas conmigo. De vuelta a la gran ciudad, a las tantas cuantas escaleras que diariamente teníamos que cruzar antes de ir a la universidad, a mis brazos, a tus pasos cansados por todas las avenidas, a las mismas charlas sin sentido con Mateo en ese bar de muebles que antes eran amarillos, a todo, a los desayunos y los besos de buenos hasta luego. A todo conmigo. Y ya me ves ahora, vuelto un nudo de fracasos y palabras vomitadas, porque no se dio el momento y a veces jamás llega, y entonces esto y yo, esperando a pesar de ti, hirviendo el corazón porque debí pensar en algo que decirte, debí pensar en algún poema que leer o alguna canción que cantarte, debí hacerlo, debí mentir y decir que no me importaba. Y entonces yo, estrangulándome por dentro, me quedo esperando, esperándote. A ti a pesar de todo. A que vuelvas y con la facilidad que siempre ha sido tuya me saques de aquí, me saques de mí y me enseñes a hablar, a decir todo lo que te quiero decir y a no dejarte ir por mi desesperante in-capacidad de no hacer nada, nada y siempre nada mal, porque soy un hombre, y los hombres a veces necesitan ayuda, de tu ayuda, de tus ojos suaves y el sabor de tu piel, de tu voz desinteresada y el orgullo que oculta esa carita que pones al dormir, necesito de eso; de todo de ti. Y ya ves, voy hacía ti, montado en un bus que se supone acabará con lo imposible: todas las distancias, y me dejará a dos cuadras de tu casa, en donde solía bajarme cada fin de semana para abrazarte, y dejar que me lleves, y verte hacerlo tan bien.
Y ahora esto, otro estúpido intento de escribirte algo, de escribir algo con mala letra y esperar a que algún día, de casualidad o cómo sea, en alguna revista de avión lo leas, y te acuerdes; disfrazando en idiotas historias la historia que más me gusta, (siempre la misma), creando personajes cada vez más patéticos con todos tus nombres, en todos los lugares que me reconocerías, y cada detalle y cada simple símil para que al leer lo entiendas, entiendas que te extraño, y no lo sé, talvez sonrías al encontrarte protagonista de cada línea, y sonrías, ojalá sonrías, y recuerdes, porque qué importa si es tu marido el que está sentado a tú lado, él no te entendería, no ni aunque se estén yendo de vacaciones. Nunca lo ha hecho. Y sé que no dejarás de pensarme y que alguna noche mientras él duerme, Iris, te arriesgas y con un vodka en la mano me llamas (mi número sigue siendo el mismo) y escucho tu voz y todo TODO volverá a empezar porque nada NADA ha cambiado. Por fin. Porque dices que entiendes, que también me extrañas, que talvez debimos esperar más, que era una revista de avión y que esta misma noche empacarás lo poco que te quieras llevar.
Y así voy montado en un bus, hacia el norte de esta fea ciudad porque la esquina a dos cuadras de tu casa, en donde debí bajarme, hace rato que la pasamos. Y ahora no puedo. Iré y volveré. Volveré por ti aunque ya hayan pasado ocho años montado en este bus, ocho largos años y talvez no sea escritor, y talvez no existan esos perfectos aviones con mis idiotas historias y talvez ames a tu esposo y talvez te entienda y talvez por eso aunque escribiera en el título Iris no me prestarás atención. Así que hablo de Arjona, porque a lo mejor de él talvez sí te acuerdas, porque a lo mejor aún lo escuchas a él y sus…canciones-historias que siempre insistías en dedicarme; así que hablo de Arjona y tu nombre es tu nombre y Arjona sigue siendo el mismo perdedor con un par de mujeres más.
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