lunes, noviembre 17

Sin Tiempo Para Títulos

Y entonces todo volvía a ser como antes. Ella aquí y yo en algún lado, pensando en ella. Si existía algo que me asustará era su cabeza, eso y que a la vez lograba admirarla tanto, como quererla tanto. Eso y no más. Las palabras que de mi boca salieron nunca se merecieron tanta atención, yo sólo quería traerla de vuelta, dos palabras, y traerla de vuelta. Pero ella es así, es como loca, a veces le veo los ojos verdes, a veces veo que es su voz la que es verde, otras veces me parece que no conozco ese color; un ataque de locura; un ataque que me durará toda la vida, que lo padecía antes de conocerla sólo porque de algún modo mi cuerpo ya lo sabía: y ella venía caminando, con sus canciones en los bolsillos y el pelo muy seco. No podría negarle nada, es la verdad. No podría dejarla sola, no podría arrancármela de las manos, ni de mi mente ni de mi mirada, todo yo tengo su nombre grabado. Amonestado. Infectando. Bendiciendo. Y siempre.

Ojos cafés, mirada de todo menos de eso, tú sabes, eso. Si tuviera que decir algo más diría que es como el fuego. Piernas largas, píes perfectos. Hay algo en tu mirada que me hace tanto bien…y sé que suelo perderme y entonces sólo hablo de tus ojos, como si fuera esa mi salida, pero te lo dije: de todo menos de eso. Hay veces que creo que no me equivoco, que de verdad nunca tendrás eso en tus ojos, que siempre será la misma descripción: la ausencia de eso en tus ojos, su mayor atributo, lo primero que extraño cuando me miras, lo único que entre todo me falta, te falta, lo más difícil de encontrar si lo tienes todo, tus ojos. Es como necesitar algo que no conozco, que jamás tendré (quizá), pero, sobretodo, es como la gloria, salpicada en tu sangre, brillante en tus pensamientos, brillando en cada rincón de tu cuerpo, tan lleno de ella, tan llena en ti: la gloria en tus pestañas, en tus labios, en la saliva que moja mis dedos cuando te sueño; la gloria y eso, eso que jamás viene conmigo, eso que saber que la tienes y saberme fuera de ti, eso que no tendría ni aunque me besaras; todo eso eso y todo, que si me equivoco y tú dices: “it wasn’t coffee, it was capuchino”, la gloria huyéndome, restregándose en mis ojos, inútiles -sinestesias de tenerte cerca. La gloria y tú, todo eso y eso es todo: lo que me dices al final del día: “But thanks anyway”.

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