jueves, diciembre 30

Look the other way

(Sí, pero) Si le echas vodka en su oído, unas gotitas no más, el dolor se le va a pasar. Oh sí, vodka en su oído, eso tiene que ser malvado. Tú tienes que ser malvado. Ella (que llega tarde a todas tus obras de teatro) te matará si se entera, pero qué le hacemos si va a matarte de todos modos, y te hará llorar (como chillaban los gansos en su finca) porque así es ella y así son las cosas: feas, muy feas, y además acosan. Escucharle sus canciones no va a ser suficiente esta vez. Ni hacerle muecas ni atacarla con cosquillas por la espalda. Babosa. Quizá si le cambias los modos, sus costumbres y otras maneras viejas... pero ya no hay tiempo para eso, eso es cosa de muy mal gusto. Tres gotitas de vodka bastarán, dale un beso y cuéntale cómo empezó todo. Luego espera a que se altere y, si no te mata entonces, pregúntale si el dolor de oído le alivió (lo más seguro es que no). Entonces vuelve a echarle tres gotitas de vodka, un beso y de nuevo ofrécele disculpas. Esta vez no tardará en intentar matarte, no trates de detenerla (por favor no trates). Lanza su vaso de whisky tibio contra la pared y se amable (por favor se amable), saca las manos de los bolsillos, ciérrate el abrigo y pídele despacito al oído que venga, que venga. Después llorarás todo lo que puedas, sí, después podrás llorar todo lo que quieras.

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