jueves, septiembre 22

Muchas Cosas.





Estoy viendo todas tus líneas. Las chiquitas, las grandes, las más grandes. Tan linda, como siempre pensaste que todo te iba a durar tan poco, como siempre intentaste cambiarlo todo, y como entendiste que entre más cambian las cosas más se quedan como estaban. Y entonces para qué todo el esfuerzo, el afán y la buena ortografía. Nada de eso valía si al final sólo tenías miedo. En el cine, en los circos, en tu cama, en la mía, y  en realidad en todas partes y todas las veces que pudiste parar para cersiorarte: ahí vacío, tu miedo. Todo podría destruirte si les contaras que todo puede hacerlo. Pero no podías dejar de correr, no podías dejar de alejar a la gente sin negarte lo fácil que era. Entonces las madrugadas eran buenas, las distancias familiares, y todo parecía tan poco impresionante. Como visto desde arriba. Quizá ese fue el problema, sentir que estabas por encima de tantas cosas, que siempre íbamos a estar de tu lado. Porque a pesar de todos tus entretenimientos no pudiste seguir engañandote. Sabías que las cosas te odiaban, que tu mamá no vivirá para siempre, que madrugar era tonto y que yo también. Eso debía pesar. Eso y que este día durante todos los días llegaría. Estoy viendo todas tus líneas y tiemblan. Todas tus líneas tiemblan. 

1 comentario:

Andy Maria dijo...

No me aguaté a leerte hasta mañana, así que decidí leerte hoy y creo que son "Muchas Cosas" las que dices entre lineas.